PONER FIRMES A LOS CATALANES CON EL EJERCITO

Cuando se jugaba La Moncloa, Aznar elogiaba el catalán y concedía a CiU el fin de la mili obligatoria

Los cerebros del aznarismo confían en el Ejército para poner firmes a los catalanes

Diagnóstico inquietante, pero por desgracia exacto, el de José Montilla -ayer, 11 de septiembre, fiesta nacional de Cataluña- en declaraciones a la cadena SER: “El PP trabaja para que Cataluña no encaje en España”. Tan es así que el núcleo duro popular, que es el aznarismo, se ha quitado la careta en relación a Cataluña, de modo que sus satélites del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES) afirman que, según cómo evolucionen los acontecimientos, habría que apelar al Ejército.
Antes, alguna vez, semejante estulticia la había manejado en público Manuel Fraga Iribarne respecto a Euskadi. Pero si alguien piensa que contenciosos históricos como el vasco o, más aún, el catalán podrían encauzarse razonablemente a través de una intervención militar o es un demente o un peligroso irresponsable.

Cerrilismo todo vale
Lo que está ocurriendo con el nuevo Estatut es una demostración de que el cerrilismo, o mejor dicho la estrategia del todo vale, sólo genera confusión, tensiones y riesgos innecesarios. El Estatut catalán ha sido casi copiado íntegramente por el de la Generalitat valenciana y por otras comunidades como Andalucía. Pero la derecha que controla el nacionalismo español absuelve a los demás, mientras castiga con insólita severidad a Cataluña.

Expertos en infamias
Claro que los cerebros ideológicos de Aznar exhiben con bochornosa rotundidad su desprecio hacia las actuales Fuerzas Armadas. Argumentado de otra manera: no tragan que el Ministerio de Defensa esté dirigido por Carme Chacón, una mujer de izquierdas y, además, catalana. Lanzan la insidia –por algo son expertos en infamias- sin tapujos ni escrúpulos. Sostienen que las Fuerzas Armadas se han convertido en un “laboratorio progresista” para el “feminismo”, el “homosexualismo” y el “transexualismo”.

Una y no cincuenta y una
Pero, naturalmente, los neocon de GEES, emparentados también con FAES, se plantean que el Ejército actúe en un contexto gubernamental bien distinto al de ahora. Con Aznar de presidente –o también con Mariano Rajoy y no digamos con Esperanza Aguirre-, la situación sería distinta, la virilidad sin tacha regresaría a las tropas y, en efecto, las Fuerzas Armadas garantizarían con las botas y no con los votos la “España una y no cincuenta y una” made in Blas Piñar.

Acrisolada tradición
Que los votos sean substituidos por las botas castrenses engarza con la más acrisolada tradición del españolismo conservador. En la Restauración canovista, los militares hacían y deshacían a su gusto. El Rey, mientras tanto, se dedicaba a borbonear a los políticos, a los gobiernos sucesivos y a jugar por lo demás a soldaditos. La Restauración la impuso, por cierto, el general Martínez Campos. En 1923 el golpe de Estado palaciego, impulsado por Alfonso XIII, terminó con el régimen de los partidos y condujo al general Primo de Rivera a la jefatura del Gobierno. Más tarde, en 1936, principalmente fueron los militares quienes organizaron –con respaldos de los poderes fácticos de siempre- la sublevación contra la II República, a la que fusilaron. Durante 40 años el general Franco Bahamonde ejerció de tirano.

Habla en cristiano
La lengua catalana fue singularmente mal tratada por el dictador Primo de Rivera. En los años del franquismo la persecución al catalán fue mucho más intensa todavía. “Habla en cristiano”, decían policías y falangistas a todos aquellos que osaban hablar en catalán, un idioma confinado a la intimidad personal o familiar. Es decir, que cuando Aznar declaró que él respetaba el catalán y lo elogiaba, pero que lo practicaba en la intimidad, no mentía. Sólo seguía una costumbre impuesta a palos.

El oro y el moro
Significativamente, este mismo Aznar -cuyos voceros sueñan con que el Ejército ponga a raya a vascos y catalanes- es el que dijo todo lo anterior en TV3, en un gesto que buscaba el voto de CiU. Como lo buscaba cuando les ofrecía el oro y el moro en financiación a cambio de que apoyaran su presidencia. En cuanto al Ejército, Aznar aceptó una medida diseñada por CiU y que consistía -como así fue- en acabar con la mili obligatoria. ¿Irá de nuevo Artur Mas al notario como respuesta a la fórmula castrense de poner firmes a los catalanes? No olvidemos el recurso presentado por los genoveses ante el Tribunal Constitucional contra el Estatut. Ni tampoco olvidemos las campañas mediáticas de los medios afines al PP contra Cataluña.

Enric Sopena es director de El Plural

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