LAS CUENTAS DE LA IGLESIA CATOLICA

Este artículo surge ante la sorpresa que me ha causado el alcance y la repercusión económica de la Iglesia Católica en la sociedad. Es una institución sin igual, por su antigüedad, por su acción asistencial, educativa, política y cultural. Probablemente estamos ante la institución más influyente de la historia

No podemos catalogarla como “empresa” aunque de ella dependen múltiples empresas, fundaciones y asociaciones. Es una institución peculiar cuya estructura jerárquica depende de un pequeño Estado. Tampoco es una “empresa” pública pese a depender de El Vaticano. No tiene una finalidad lucrativa. Su objetivo es la “salvación de las almas” … y ello no puede, ni debe considerarse “un servicio más”.

Su “Director General” ocupa un puesto vitalicio rodeado de excelentes y cultos “directivos” -los príncipes de la Iglesia-, procedentes de muchos de los países en los que está presente. Éste es elegido democráticamente entre los cardenales cuando fallece el anterior Papa.

Su red, el equivalente a una red comercial y de distribución de una empresa multinacional, es sencillamente inigualable. Sus preciados colaboradores, los monjes y monjas, sacerdotes y capellanes, poseen una formación de élite adquirida durante años de estudio y práctica.

Su riqueza inmobiliaria es inimaginable para cualquier particular, fruto de donaciones y compras desde tiempos inmemoriales. Tienen sedes en casi cada barrio de Occidente y en casi todos los países de Oriente y del Hemisferio Sur. Su legado cultural es imprescindible para entender la historia del mundo. Citemos algunas cifras:

Posee el 80% del legado histórico-artístico español. Es propietaria de 100.000 inmuebles y de unas 100.000 hectáreas de tierra cultivable sólo en España. Tiene por toda nuestra geografía unos 23.000 templos y gran parte del suelo disponible de ciudades como Toledo, Ávila o Santiago. Unos ingresos “por el cepillo” de unos 600 millones de euros y unos 240 millones procedentes del IRPF hasta sumar cerca de los 1.000 millones anuales. De ella dependen 90.000 empleados y muchas más familias.

En el resto de Europa recibe cerca de 4.500 millones de euros del denominado “impuesto eclesiástico”. En España está exenta del IVA, del Impuesto de Sucesiones y Donaciones, así como del de Transmisiones Patrimoniales.

Pese a tanta riqueza patrimonial, cultural y artística, últimamente es una “institución” en crisis. Crisis de vocaciones, crisis de fe en la sociedad y los inevitables y constantes problemas económicos cuando el objetivo es la caridad y el bienestar de los más pobres e indefensos.

Algunos especialistas opinan que su repercusión espiritual en la sociedad va a menos. Por ello desciende irremediablemente la asistencia de los creyentes a los cultos. Cada día que pasa tiene menor notoriedad espiritual, aunque aún no económica. Porque la asistencia a los cultos tiene un precio que a fin de cuentas lo establece el creyente (“el cliente”). Y con la crisis éste paga poco, o muy poco, por ello.

Si fuera una empresa normal, sería urgente el cierre de puntos de venta y distribución y la dimisión de algún responsable ante el Consejo de Administración. Pero esto no puede ocurrir. No tendría sentido porque no vende nada, no es una empresa. Es mucho, mucho más. No son aplicables las leyes del mercado, ni la ortodoxia del management.

No obstante, si no actúa a tiempo el declive se acentuará, o será una “iglesia” testimonial. Una más, junto a aquellas de la “competencia”. En otras palabras, su inacción, o si prefieren “su lentitud ejecutiva”, es su mayor debilidad.

Sus “directivos” deberían reestructurar la red (el número de templos) y actualizar la formación de sus efectivos adaptándola a lo que hoy debería ser su público objetivo. Porque si no se focalizan en la juventud, no tendrán el futuro que desean.

La fe tiene sus creyentes, pero la competencia de otras jóvenes iglesias cristianas y el menor interés de los adolescentes es su principal amenaza.

La Iglesia Católica no puede cambiar fácilmente y adaptarse ágilmente a los cambios sociales. Esto es así porque se debe a su tradición, a unos principios, a unos dogmas y a una ética interna que no puede, ni debe incumplir sin consecuencias. Todo es un entramado coherente que no puede permitirse fisuras intelectuales.

Ciertamente es una institución un tanto extraña en la época del “Estado del bienestar”. Las vestimentas tradicionales, los ritos ancestrales, los desconocidos procedimientos internos… Mientras escribo estas líneas recuerdo la célebre e indispensable película ‘Las sandalias del pescador’. La recomiendo por mostrarnos una aproximación al funcionamiento interno de la iglesia.

(Me sorprendió el preciso procedimiento en la elección de un Papa, o lo que hace el “Cardenal Camarlengo” tras su muerte).

Por otra parte, su papel no sería viable sin el dinero público. En el caso de España, según algunas fuentes el Estado financia sus centros de enseñanza y sus actividades con más de 6.000 millones de euros al año. Parece excesivo, pero veremos que no lo es. Del IRPF, como decíamos, sólo obtienen algo más de 240 millones de euros. Con ello no cubren más que cerca de un 30% de sus gastos de culto . Por otra parte, en el año 2004 otras fuentes ciraban en más de 31.000 millones de euros los servicios que ofrecía la Iglesia Católica a la sociedad española y que, de no hacerlo, debería ocuparse el propio Estado… y no corren los tiempos para más gasto público.

Sólo en España escolarizan a más de 1 millón de alumnos en más de 5.000 centros de enseñanza. Mantienen 107 hospitales y más de 870 residencias para la 3ª edad, dando servicio a cerca de 400.000 personas al año con 51.000 camas disponibles. Tienen 10 universidades prestigiosas, 11 colegios universitarios, 55 escuelas universitarias y 72 institutos superiores en nuestro país… (Hagan el ejercicio mental de extrapolar parte de estas cifras al resto de países en los que está presente. El resultado es de una dimensión colosal).

Por su función social, por su trascendencia con los más pobres, hoy tiene un papel asistencial cada vez más necesario por la crisis económica y la globalización. Pero su “core business”, su principal misión – “la salvación de las almas”-, ve reducido su alcance. Lo cual amenaza la viabilidad de su trascendente función social en la caridad, la educación y la sanidad. Ello podría ocurrir especialmente cuando las ateas y jóvenes generaciones empiecen a votar y a exigir a sus políticos otra forma de proceder en las relaciones Iglesia-Estado.

De forma figurada, desde un punto de vista empresarial (aunque repito que no es una empresa), necesitaría un elaborado plan estratégico y un “revolucionario” plan de marketing para reconvertirse y sobrevivir. Pero para ello probablemente un nuevo “Director General” debe estar al mando. Uno más joven, para poder supervisar y actuar sobre el complejo proceso de cambio (interno y externo). Éste llevará, sin duda, décadas por las múltiples resistencias internas e intereses. No es fácil encontrar a la persona capacitada, ni es sencillo elegir a un equipo que sepa llevar a cabo, con éxito, el necesario camino hacia el cambio. Se debe ser fiel a su inmenso pasado y a su difícil futuro. ¡Suerte que Dios intercede en la elección!

Heráclito decía que “todo cambia”. El tiempo pasa para todos, para bien o para mal. Tempus fugit dirían los Romanos. Adaptarse o extinguirse pensaría Darwin. No cuenta el pasado, sólo el presente y el futuro. Y eso lo saben bien las empresas de cualquier sector.

“Salve” amigos, digo… hasta pronto.

AUTOR: Josep Martí Font
Nota del autor:
Este artículo pretende mostrar el alcance real del papel de la Iglesia. Por otra parte, pretendo dar una idea de conceptos básicos de marketing aplicados a esta respetable institución de la que habitualmente no se habla en estos términos. Si alguien se siente ofendido por ello, ruego me sepa disculpar. No es mi intención. Gracias de antemano.

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